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Al reto inicial de atravesar el Atlántico en dorna
se une otro como una forma de "complicar" más
una aventura ya de por sí complicada: la travesía
se realizará limitándose a los medios existentes
en el siglo XVII.
La elección del siglo XVII se debe principalmente
a que todavía no se habían inventado los instrumentos
que permitían una navegación astronómica
fiable (básicamente el cronómetro marino y el
sextante de reflexión, inventos del siglo XVIII), con
lo cual se complica enormemente el posicionamiento en la mar.
Para su propulsión, la dorna va dotada de dos medios,
el remo y la vela.
La alimentación y el
vestuario también suponen
una complicación al no poder utilizar sistemas de conservación
ni tejidos actuales.
Cabe considerar que este aspecto convierte al proyecto en
algo más que una travesía atlántica en
un pequeño y primitivo velero, la privación
de comodidades, instrumentos, limitación de dieta...etc,
obligan a pensar en la extrema dureza de vida que los tripulantes
deberán afrontar durante el periplo.
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