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Si hubiese que definir la característica principal
de las dornas, la simplicidad sería la más apropiada.
La dorna es la única embarcación de origen
nórdico existente en el Sur de Europa, posiblemente
un recuerdo de las incursiones de los "vikingos"
a las aldeas costeras de Galicia.
El pescador gallego de hace muchos siglos, hay datos para
pensar que anterior al siglo XII, supo adaptar este "regalo"
de la tecnología nórdica a sus intereses, creando
una embarcación difícil de superar en su funcionalidad,
facilidad constructiva y economía de materiales, y
hasta nuestros tiempos nos ha llegado con lo que parecen ser
variaciones mínimas.
Con poco más que madera para tablazón y arboladura
(de los bosques cercanos), clavos, unos pocos herrajes (del
vecino herrero), unos metros cuadrados de paño, algo
de cordaje, brea y aceite un carpintero de ribera amante de
su oficio creará una obra de arte, ejemplo de lo mucho
que se puede "sofisticar la sencillez".
Nada falta, pero nada sobra, espartana pero elegante. Así
es la dorna. En las Rías Baixas existe una flota de
centenares de unidades, y aunque la mayoría se dedican
a la pesca y han incorporado un motor fuera-borda, hay un
número creciente de unidades que vuelven a navegar
a vela con su aparejo de relinga, que si bien es efectivo
y simple, requiere ser manejado expertamente si se quieren
evitar roturas de palo o incluso "quillas al sol".
Una tripulación competente, compenetrada y constantemente
atenta, y un timonel "bien despierto" son la condición
básica para contrarrestar la extendida opinión
de que la dorna navegando a vela es "falsa".
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